domingo, 13 de octubre de 2013

Lápiz

Horas.
Sumatoria de minutos interminables (e intermitentes) sentada frente a papeles, y a monitores. Y el mismo monitor, pero que va cambiando de lugar en el espacio, en el tiempo, y de estado.
Sonidos. De teclas y de papeles rasgados, de elementos que rozan, aprietan y dejan marcas con forma de letras (a veces) y de garabatos (la mayoría). Lápices que borran con el extremo opuesto del que escriben... como si no se pudiera resumir mejor la historia del mundo. ¿Menos general? la historia de mi existencia, y la de unos cuantos que conozco bastante.
Más y más minutos sumados sobre mi cabeza, mirando, y escribiendo, borrando, contando, pensando, y agregando cosas desde un tren en movimiento que después se me iban a olvidar, pero que igual están escritas en algún rincón del universo.
Contando para mí, ejemplificando para mí, moviendo el vocabulario en mi honor, construyendo un cuentito metafórico que me ayude a calmar mis costas.

Desafortunados momentos documentados que me ayudan a recorrer el tiempo cuando me olvido si eso fue antes o después, cosas encriptadas pero para mí. Mensajes al futuro que tal vez, con suerte, los entienda. Felizmente los decodifique y les de un nuevo contexto, un nuevo significado. Broncas calmadas porque mis dedos sabían por dónde moverse, y por dónde no podían.
Resentimiento. Odio.
Mucho odio disolviéndose a la par de que intentaba entender- y entendía.

Aprendí.
Algo, pero no se bien qué.

1 comentario:

Miguel Quinteros dijo...

la catarsis llega de maneras extrañas a veces, gustó mucho